José Luis Narvaja
José Luis Narvaja

Las preocupaciones del Papa, las críticas que se le hacen, sus vínculos con Argentina, el debate sobre el aborto; son los temas que aborda José Luis Narvaja en esta charla.

Narvaja vive en Roma, donde, además de escribir para La Civiltà Cattolica, la revista de los jesuitas -y la más antigua de Italia-, da clases de teología en la Universidad Gregoriana, en el Instituto Bíblico y en el Instituto Patrístico "Augustinianum", y en Nápoles, en la Facultad de Teología de Italia Meridional.

— Se ha hablado mucho sobre el no viaje de Francisco a la Argentina. ¿Hay algo nuevo que decir?

—  Creo que mucha gente de buena voluntad tiene un interés sincero en que el Papa vaya, en recibir un mensaje. Y a esa gente le diría: el Papa ha hablado muchas veces, en Argentina, cuando estaba allí. Nos habló muchas veces, traten de releer eso, porque es actual, es como si lo estuviese diciendo ahora. El documento de la Conferencia Episcopal para el Bicentenario dice: "Es necesario formar en los gestos, gestos de reconciliación y de perdón". Y en la política se debate mucho esto de los gestos del Papa: por qué hizo esto, por qué mandó el rosario a tal, por qué recibió a fulano, por qué no sonrió… Los gestos que no entendemos son a veces gestos de reconciliación, y aquellos a quienes él dirige el gesto a veces hacen alarde, 'el Papa me perdonó', no, querido, o querida, no se trata de eso, está haciendo un gesto para que vos reacciones, no para que te sientas aprobado o aprobada en tu corrupción, sino para que cambies. El Papa es misericordioso, hace gestos de reconciliación, pero no somos capaces de entender, leemos todo políticamente.

Aquellos a los que dirige el gesto a veces hacen alarde, ‘el Papa me perdonó’; no, no se trata de eso, está haciendo un gesto para que vos reacciones, para que cambies

— Se debate ahora en Argentina sobre la despenalización del aborto…

— Eso me recuerda a otro mensaje del Papa cuando era Arzobispo, cuando decía Buenos Aires no tiene memoria, olvida muy rápido, Buenos Aires tiene que llorar, tiene que pedir el don de poder llorar. Sigue llorando a los desaparecidos de la dictadura, a los muertos de la inseguridad, a los de la corrupción, a los de Once y de Cromagnon, pero luego se olvida. Si me conviene, "desaparezco" a alguien. ¿Quién se hará cargo de los desaparecidos de esta ley homicida? Parece que la Argentina necesita encontrar motivos para llorar y los crea ella misma. Pobres los que queden en la historia como promotores de violencia, de muerte, de desaparición. Argentina tiene que hacer memoria.

Jorge Bergoglio, en sus tiempos de Arzobispo de Buenos Aires (GETTY)
Jorge Bergoglio, en sus tiempos de Arzobispo de Buenos Aires (GETTY)

— Hace poco hubo algunas manifestaciones de sorpresa porque el Papa nombra el demonio…

— Creen que es un tema de la Edad Media, que está superado, que ya no tenemos que temer al poder del mal. Nos equivocamos, pero no hay un poder del mal que quiere destruir el plan de Dios. Eso es el peor engaño del diablo, hacer creer que no hay una intención maligna, porque si uno no se da cuenta de que está engañado, no busca salir del engaño, pensamos que ese egoísmo que nos mueve es normal, que es normal ese tipo de actitud, ese tipo de política, pienso en mí, y los demás que hagan lo que puedan. Siempre digo que el enemigo que nos señala Francisco es el egoísmo, no hay un enemigo de carne, es el egoísmo de cada uno, de los grandes y de los pequeños, que no se va a superar hasta que cada uno cambie, esa es la reforma.

— Hablando de reforma, ¿cuánto ha podido avanzar en los cambios en la Curia?

— En ese tema muchos lo critican, dicen que no hace nada, que son sólo buenos deseos, frases lindas. El Papa apela a la reforma personal de cada uno, de la propia vida, de la familia, y de esa manera poder llegar a reformar el mundo. Es un proceso que comienza poniendo a Cristo en el centro de tu corazón, Yo no quiero reformar la Iglesia, respondió una vez el Papa, yo quiero que Cristo vuelva a estar en el centro de la Iglesia y cuando eso suceda, las cosas se acomodarán. Él da el ejemplo en la parte que le toca a él, en la reforma del Papado, en la figura del Papa. Un Papa que va a buscar a los más pobres, a los abandonados, que vive de la manera más sencilla, que es humilde. La reforma del mundo se hace a partir de que cada uno reforme su corazón. La primera tarea es reconstruir al hombre.

— Un rasgo que ha llamado la atención de los analistas desde el comienzo es que el Papa se ha seguido comportando, desde el Vaticano, como un sacerdote de parroquia…

— Es que él necesita el encuentro cotidiano con la gente, "por mi salud mental", dice. Eso lo ayuda a mantener los pies sobre la tierra. Por ejemplo, este año, antes del Sínodo de los obispos sobre la Juventud, habrá un encuentro de jóvenes de todo el mundo porque el Papa quiere escucharlos. Él es un hombre que busca llegar a las personas. No se mueve en un plano alejado, la gente lo ve como un hombre tierno, ve cómo trata a los enfermos, a los ancianos, a los niños, a los últimos de la sociedad; esas cosas la gente las ve y le gustan. Habla de una iglesia en salida y es el primero en salir. También saben que es valiente, que no se calla la boca cuando se trata de defender a los que no pueden defenderse solos.

Mientras el mundo está en guerra, no podemos estar peleándonos los cristianos por cuestiones dogmáticas

— Esa es la dimensión pastoral, pero su papado también tiene una dimensión política. ¿Qué impacto tiene?

— El Papa es muy consciente del peso que tiene su figura en el mundo como referente político y moral. Él tiene la autoridad como para decir "por favor terminen esta guerra". Por ahí no la terminan porque a los que promueven las guerras los mueven intereses materiales y ese egoísmo del que hablé antes. Pero la gente escucha al Papa, y espera que el Papa hable. En junio, por ejemplo, el Papa viaja a Ginebra, al Concilio Mundial de Iglesias, que es un organismo que nuclea a protestantes y ortodoxos. La Iglesia Católica tiene observadores allí pero no es miembro. El Papa va con una propuesta de paz, porque es consciente de la necesidad de la unidad de los cristianos, y de todas las religiones, para promover la paz en el mundo. Mientras el mundo está en guerra, no podemos estar peleándonos los cristianos por cuestiones dogmáticas, de tradición, por heridas históricas, y no trabajar por la paz. 

— ¿Qué otras preocupaciones tiene el Papa en estos momentos?

— Últimamente, el Papa ha hablado mucho de las fake news, esas falsas noticias que se inventan para atacarlo. Para mí lo más importante de lo último que ha dicho el Papa fue su discurso sobre la Amazonia en el viaje a Perú, porque no fue sólo un discurso sobre la naturaleza, sino un mensaje político, dirigido al mundo entero, acerca de cómo son las relaciones con la Creación, con los otros países, con los más débiles, los más desprotegidos. Ese es el tipo de mensaje que no pueden atacar de frente, entonces buscan otros flancos y ahí surgen las fake news que buscan desestabilizar o hacer perder autoridad o predicamento al Papa por otros motivos y en realidad lo que tratan de silenciar son estos mensajes que no se pueden atacar porque son claros, precisos, equilibrados. Ahora, las preocupaciones del Papa aparecen claras en los motivos de oración que se anuncian cada mes. Ahora, en marzo, pidió por el discernimiento, para que haya una mayor formación en el discernimiento espiritual, para aprender a encontrar dónde está la voluntad de Dios, donde está la tentación. En febrero, había pedido que se rezara por que los que tienen un poder político, material o espiritual no se dejen ganar por la corrupción. Si los que gobiernan el mundo se dejan ganar por intereses egoístas, habrá miseria, sufrimiento, abandono, esclavitud, uso de las personas.

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